martes, 30 de septiembre de 2008

Casa Mágica


En un - ya no tan pequeño - pueblo de la provincia de Guadalajara, existe una casa mágica. No es especialmente grande, ni especialmente bonita. Pero es especialmente especial.

En sus habitaciones se guardan secretos y risas infantiles, confidencias adolescentes, amores adultos. Por sus pasillos resuenan pisadas de pequeños pies acelerados que corren para esconderse debajo de una cama, de pies jóvenes furtivos que intentan no hacer ruido tras volver tarde, tardísimo, del baile de la plaza. Sus paredes han sido testigos silenciosos de tantas historias que no sería posible contarlas todas.

En su patio, antes pesebre y granero, aún puede oirse el "uno, dos, tres, cuatro..." mientras todos se esconden y el que cuenta mira de reojo, para saber dónde buscar.

El pozo aún refleja las caras de niños curiosos asomados a ver si hay algo al fondo, y todavía conserva las monedas arrojadas junto con los deseos a los que acompañaban. Y el eco de las voces que gritan "eo" junto al brocal, parece tan vivo y nuevo como entonces.

La cocina huele a torreznos, picadillo y leche recién ordeñada, caliente, con un sabor fuerte y una textura espesa. Y aunque ya no funciona, la vieja campana sigue vigilando, muda, todo lo que ocurre en la mesa. Y hasta parece que a veces protesta cuando está en desacuerdo con una opinión, una palabra, un gesto.

Por el desván se pasean los fantasmas de todos aquellos que vivieron en la casa desde que fue construida. Almas que no se han quedado para asustar a los moradores actuales, sino para cuidar de ellos. Sus pasos hacen resonar las tablas del suelo, demostrando que es falso que los fantasmas sean silenciosos... o tal vez sea que estos fantasmas son diferentes a los demás.

La estufa, el gallinero, el granero, el brasero, las cántaras de leche, el abuelo, mi infancia y mi adolescencia, ya han desaparecido, pero están vivos entre las paredes de esta casa a la que vuelvo muy de tarde en tarde, y en la que siempre soy feliz.

Un pequeño refugio desde el que todo es hermoso y en el que me siento niña y libre de preocupaciones.

Ésta es mi casa mágica. ¿Te vienes a conocerla?

martes, 16 de septiembre de 2008

Retales


  • Ayer fue el primer día. Estreno de etapa. Algunas cosas empiezan, otras siguen, pero renovadas. Mi amor no ha cambiado. O lo ha hecho, pero sólo para seguir adelante con más fuerza. Vivo. Alegre. Llenando todo.

  • ¿Cómo sería creer, como ellas, que con sólo taparte los ojos, nadie puede verte?

  • Hoy me he mirado al espejo. Me he visto. Y me he reconocido. Hoy soy un poquito más yo misma, en este lado y al otro lado del espejo.

  • LinkedIn, de nuevo, ha hecho de las suyas. Me he reencontrado con Be. Tantos años y aún seguimos siendo las niñas de entonces, las del uniforme azul. ¿El síndrome de Peter Pan está también descrito para nosotras?

  • Fin de semana de celebración. Pe como protagonista absoluto. Tan pequeño y ya tan importante. Sobre todo para ella. Querida abuelita, ¿ves cómo aún tenemos muchas cosas que celebrar juntas?

  • He hecho limpieza de armario. He tirado cosas que ya no uso. Cosas que ya no me gustan. ¿Por qué es tan complicado limpiar el corazón?

  • Un abrazo inesperado esta mañana, de alguien de abrazo improbable, ha puesto una sonrisa en mi cara. Hoy nada ni nadie van a poder borrarla.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Vuelta a la rutina


Todo llega y todo pasa, dijo el poeta.
Hasta las vacaciones!
De nuevo en mi mesa, con las mismas tareas pendientes, las mismas caras amables, la misma pereza cuando suena el despertador.
Como si este paréntesis de cuatro semanas no hubiera existido.
Como si los días de playa, de paseos en bicicleta, de acostarse tarde y levantarse más tarde aún, de cenas a la luz de las estrellas, de despreocupación por el qué me pongo, de no-reuniones ni prisas... hubieran sido sólo un hermoso sueño.
Vuelta al cole.
A las prisas. A las peleas por teléfono. A los buenos días medio pronunciados al llegar por la mañana y cruzarte con el guardia de seguridad.
Vuelta a sentir el peso de la responsabilidad. A pensar, estúpidamente, que lo que se hace tiene una enorme importancia, que nadie más puede hacerlo, que el mundo dejará de girar si entregas una cifra incorrecta.
Vuelta a mi amor.
Y el corazón, que empieza a descongelarse tras estos días de letargo.
Sentir de nuevo. Esperar sentir de nuevo. Anhelarlo, desearlo. Saber y dudar...
Dar todo y tomar todo.
De nuevo.

Vuelta a la vida.