Hace mucho tiempo que pertenezco a ese numeroso grupo para el que la Navidad no es más que algo inevitable, unos días de vacaciones marcados en el calendario desde el principio del año, unas fechas a las que es necesario sobrevivir, un conjunto de reuniones familiares, de comidas excesivas y regalos absurdos.Hace mucho tiempo también que intento buscarles un sentido, recuperar ese “algo” mágico que percibía cuando iba al colegio, y que se perdió… ¿cuándo? Tal vez cuando mi abuela murió y pasé las primeras Navidades tristes, echándola de menos.
Este año, A y Pe entienden por primera vez que algo pasa en este mes. Saben que en unos días no tendrán que ir al cole. Hablan de unos Reyes que les traerán regalos – quiero un camión azul, y yo un libro de pegatinas de animales. Preguntan cuándo pondremos el árbol y si colgaremos estrellas y bolas. Y todas las mañanas, cuando se despiertan, quieren saber si ya es Navidad. Aún no, cariño, pero ya queda menos. ¿Cuánto?. 24 días. ¿Eso es más que cinco?
Este año, he hecho dos calendarios de Adviento. He llenado dos pequeñas bolsas de fieltro con 24 regalos. Una moneda de chocolate, un bote para hacer pompas de jabón, una estrella de fieltro, una piruleta con forma de corazón, un muñeco de nieve… 24 recordatorios de que dentro de poco más de 3 semanas, la Navidad habrá llegado. 24 momentos especiales para ellas. 24 sonrisas para mí.
Y he pensado que este año yo también voy a tener un calendario de Adviento. Día a día, desde hoy hasta el día de Nochebuena, tendré mi momento especial, mi regalo, mi sonrisa, mi ilusión.
Hoy de mi bolsa he sacado tres horas junto a mi Amor, mi Amado, mi Amante, mi Amigo. Envueltas en sus besos y caricias. Adornadas con sus palabras.
Hoy creo que tal vez, sólo tal vez, esta Navidad puede ser, de nuevo, mágica.
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