miércoles, 8 de octubre de 2008

Casa Mágica 2


Ayer, en sus brazos, sentí de nuevo una maravillosa sensación de seguridad, calor y felicidad. Sentí que todo estaba bien, que el mundo exterior no existía y que nada ni nadie se interponía entre nosotros.

Su respiración y la mía.
Su corazón y el mío.
Su alma y la mía.

Respirando, latiendo, sintiendo a la vez.

Ayer me sorprendí pensando que mi Amor es también mi otra Casa Mágica.
Sus brazos, las paredes que me resguardan del frío y la lluvia.
Sus palabras, las habitaciones en las que descansar.
Sus besos, sus caricias, el calor que hace que una casa sea también un hogar.

A esta casa, a este hogar, no voy a invitarte. Lo entiendes, ¿verdad?